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dissabte, 10 de desembre de 2011

El acebo


Imagen obtenida de fichasinfojardin.com


Se pone a la venta en los mercadillos de Navidad de los países de tradición católica junto con otros adornos confeccionados con esta planta. Se le otorga la propiedad de oficiar como ramo de la suerte.

La Iglésia Católica lo instauró al considerar el muérdago una costumbre bárbara e idolatra y porque las hojas de acebo recuerdan la espina de Cristo y las bayas rojas simbolizan la sangre derramada.

El acebo es una planta originaria de China que puede llegar a medir hasta diez metros. Crece en barrancos sombreados y en bosques de encinas. Sus hojas duran alrededor de dos años y mantienen un color verde reluciente convirtiéndole en una planta llamativa durante el invierno.

Actualmente el acebo es poco abundante por la reducción de su hábitat y por la excesiva recolección que sufre durante la Navidad. Para proveer la gran demanda con motivo de la Navidad se recolectan las ramas con mayor cantidad de frutos.

Esta planta carece de simbolismo real, ya que fue inventado por la Iglesia Católica para desplazar el simbolismo ancestral del muérdago, planta que si es abundante y que debería ser empleada en exclusiva como planta de la suerte para la Navidad en lugar del acebo que ha sido condenado a ser símbolo navideño a la fuerza.

El intento de mitificación del acebo por la Iglésia Católica tiene su origen en las Islas Británicas en medio del proceso de cristianización de los pueblos anglosajones iniciado entre los siglos VII y VIII.

Desde esa fecha la Iglésia Católica forzó la entronización del acebo en los hogares navideños argumentando que la alegría del nacimiento de Jesús de Nazaret no debía hacer olvidar el destino que le esperaba.

A pesar de tan loable empeño el acebo no dejaba de ser un recién llegado y a finales del siglo XVIII todavía pugnaba por entrar en los hogares al lado del muérdago. No se hace con un lugar en la decoración navideña hasta finales del siglo XIX.

En la primera mitad del siglo XX ya disfrutaba de su papel de usurpador exitoso. En las estampas navideñas se convirtió en el añadido decorativo más representado.

El acebo contó con dos poderosos aliados: la ignorancia de los habitantes de las ciudades y la necesidad de colores vistosos de los ilustradores gráficos.

La impostura triunfó y conquistó la Navidad. Pero si en la Navidad debemos movernos a compartir con los menos afortunados, el muérdago nos da ejemplo de generosidad al hacer participe de su expléndido y mágico halo al acebo, su más directo competidor.

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