Total de visualitzacions de pàgina:

Publicidad

dijous, 8 de desembre de 2011

El arbol de Navidad



imagen obtenida de http://www.gazcueesarte.com

Es una de las actividades centrales de la Navidad actual. Su compra se realiza en las ferias navideñas del tamaño adecuado a cada salón. Una vez instalado se llena de adornos encendiendo las luces una vez finalizada esta tarea.

Acompaña todo el ciclo festivo haciéndose presente desde el lugar de honor que se le reserva en casas, comercios, empresas, entidades públicas, calles o plazas. Aunque lo vemos como un adorno más, materializa algunos símbolos del solsticio de invierno.

Entre el tercer y el segundo milenio antes de Cristo diversos pueblos indoeuropeos se expandieron por Europa y Asia en un territorio que va del Indo al Atlántico. En todas estas culturas fue importante el roble que jugó un papel importante como aliado de la agricultura y de la ganadería convirtiéndose en el Dios roble, asociado al Dios del rayo y del trueno y posteriormente asociado a Zeus, Júpiter, Hércules y Thor.

Los árboles fueron objeto de culto en la Europa prerromana y el árbol sagrado por excelencia fue el roble. Para nuestros antepasados europeos, los ritos mágicos asociados al ciclo agrario del espíritu del árbol fueron un elemento central de sus culturas. Los aldeanos se dirigían a los árboles e invocaban la acción de sus espíritus para lograr protección para sí mismos, sus familias, propiedades y ganados, así como abundantes cosechas.

Cuando a mediados de otoño las hojas del roble comenzaban a caer las gentes adornaban las ramas para hacerlo más atractivo e incitar al espíritu de la naturaleza huído a volver. De las ramas del roble se colgaban telas y piedras pintadas que actuaban de amuletos propiciatorios al lograr el regreso del espiritu de la naturaleza.

El ancestral y verdadero significado de los adornos que hoy en día se cuelgan del árbol de Navidad es el de propiciar el regreso del espíritu de la naturaleza que asegura nuestra supervivencia un año más.

El culto al árbol estaba arraigado en la conciencia popular y sobrevivió a la romanización y cristianización que destruyó culturas anteriores. Posteriormente acabó asociado a la actividad de algún personaje mítico que proveía de regalos a los niños.

A partir del siglo VIII se comenzó a domesticar todos los mitos germanos para asociarlos a equivalentes cristianos, transformando rituales paganos en ceremonias cristianas.

La Iglésia Católica cambió el roble por el abeto porque los antiguos mitos griegos y latinos tenían este árbol como sagrado. En Grecia el abeto estuvo consagrado a Artemisa considerada la señora de los bosques y de los animales.

El pino también tuvo cierto mito entre los griegos y romanos y solían hacer celebraciones con sus piñas. Tanto el abeto como el pino son árboles asociados a Saturno que para los antiguos romanos estaba ligado a la actividad fecundadora del sol.

Las fiestas en honor a Saturno se celebraban a finales de diciembre y en ellas se suprimían las diferencias sociales, tomado como fundamental posteriormente por el cristianismo. La Navidad cristiana no ha hecho más que sustituir a Saturno por Dios-Cristo.

A principios de la Alta Edad Media el pino y el abeto ya habían acumulado suficiente curriculum simbólico para sustituir al roble indoeuropeo significando lo mismo la inmoralidad de la vida vegetal y animal a través de los ciclos de la naturaleza.

La Iglesia Católica se aprovechó de la forma del abeto para dar más misticidad a sus intereses doctrinales. Su forma triangular representa la Santísima Trinidad. El extremo superior recuerda a Dios Padre, y los dos inferiores a Dios Hijo y al Espíritu Santo.

A mediados del siglo VII se cortó en Alemania el primer abeto como símbolo de la Navidad cristiana. Al principio solo se colgaban dulces y frutas, llegando los adornos de bolas en el siglo XVIII.

La expansión de la tradición del árbol de Navidad desde los pueblos septentrionales al resto de países europeos fue un proceso lento y reciente. Durante la Guerra de los Treinta Años entre 1618 y 1648 los suecos llevaron la costumbre del árbol de Navidad a Alemania. Pero a mediados del siglo XVIII solo había sido adoptado por una pequeña parte de los ciudadanos alemanes.

En el resto del siglo XVIII acabó por implantarse en Alemania. En 1813 penetró en Austria y en 1820 en Polonia. Entre 1829 y 1840 se introdujo simultáneamente en Gran Bretaña y Francia.

Sin embargo en Francia, esta tradición fue bastante desconocida hasta 1870, siendo los alsacianos y los loreneses los artífices de su expansión, que se hizo más tradicional a finales del siglo XIX. En ese tiempo era también tradicional en países como Estados Unidos y Rusia.

Una vez extendido por Francia, el árbol penetró en España especialmente por Cataluña en el primer cuarto del siglo XX. Por influencia del cine norteamericano y británico el árbol de Navidad acabó imponiéndose en todos los hogares.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada