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divendres, 9 de desembre de 2011

El muérdago



Imagen obtenida de http://www.jardineria.pro

Como heraldo que anuncia el espíritu de la Navidad, el muérdago se cuelga en los marcos de puertas y ventanas para beneficiarse de la buena suerte que trae.

La tradición de adornar las casas con muérdago por Navidad procede de los países del Norte y Centro de Europa, aunque hoy ya es una costumbre en todos los países del continente. En España se comenzó a generalizar en el primer cuarto del siglo XX.

El muérdago pertenece a la familia de las Lorentáceas y arraiga en álamos, tilos, abedules, sauces, manzanos, perales, nogales, pinos, abetos y olivos.

Al contrario que otras plantas, sus raíces no se dirigen hacia el interior de la tierra sino en el tronco del árbol y no crece en dirección al sol sino conformando una mata redondeada.

En nuestras latitudes florece en primavera y se recolecta en verano y en invierno. Desde la más remota antigüedad ha sido considerada una planta sagrada. En el solsticio de invierno, la noche del 21 de diciembre, los druidas iban a los claros del bosque a recogerla.


Las leyendas cristianas que han tratado de evangelizar el muérdago se han perdido. Pero ciertas leyendas dicen que tener muérdago equivale a tener el crucifijo de Cristo. Pero la planta siguió asociada a sus poderes de protección, prosperidad y buena suerte.

En países como Francia, Gran Bretaña y Escandinavia hay hermandades que celebran el antiguo ritual druida. En la Provenza francesa los niños recogían muérdago en el bosque y lo repartían por las casas y en el Ampurdán se lo intercambian entre ellos para desearse suerte.

Las tradiciones agrarias han considerado el muérdago como eficaz protector frente a los hechizos y maleficios, adjidicándole propiedades curativas y regeneradoras. Era colocado en los techos de las casas y establos para protegerse de la caída del rayo y de las enfermedades del ganado.

El rayo representa una influencia fecundante. En las culturas mesopotámica, hebrea y griega era considerado la manifestación de Dios. El muérdago a partir de ese parentesco fortaleció su función favorecedora de la fertilidad.

De estas tradiciones ha derivado la extendida sobre todo por el Norte de Europa de besarse bajo el muérdago por Navidad para obtener el don de la fertilidad. Los agricultores relacionaron la abundancia o escasez de muérdago sobre los árboles a finales de diciembre con el augurio de mayor o menor cosecha.

La costumbre de besarse bajo el muérdago se implantó en Estados Unidos a mediados del siglo XIX y en Gran Bretaña a principios del siglo XX desde donde pasó a Francia extendiéndose por España en el primer cuarto del siglo XX.

Al fructificar en el solsticio hiemal, cuando la naturaleza permanece aletargada, el muérdago se convierte en la llave del ciclo anual que guia desde las tinieblas invernales hasta la claridad primaveral.

El muérdago no solo se nos muestra como eficaz instrumento contra los poderes de las tinieblas sino como la llave que hace posible el milagro anual que expresa el ancestral mito del eterno retorno.

La rama de muérdago colgada en un lugar bien visible durante la Navidad representa la súplica primigenia que la humanidad elevó al cielo en demanda de protección, prosperidad y felicidad.

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