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dimecres, 7 de desembre de 2011

El Papá Noél






Imagen obtenida de archivo particular.


Con la llegada de la Navidad todo son ilusiones ya que es tiempo de recibir regalos de parte de Papá Noél. Las aglomeraciones hacen pensar que no da abasto pero en realidad se le acumula el trabajo. Viene desde el Polo Norte en su trineo volador tirado por ocho renos con un saco en el que cabe de todo.

Nadie sabe exactamente cuando nació Papá Noél ni cuál es su edad pero su leyenda creció incorporando mitos de los ancestrales solsticios de invierno. Quizá por eso se ha convertido en una figura de consenso. Papá Noél había sido obispo de Asia Menor en el siglo IV, santo en buena parte de Europa desde la Edad Media y gnomo en Nueva York en el siglo XIX.

Se vió obligado a viajar por medio mundo antes de reencontrarse en la imaginación de otros. El proceso de metamorfosis que nos ha llevado hasta el Papá Noél actual es tan fantástico y apasionante como su leyenda.

Se sabe poco de la biografía de San Nicolás ya que sus informaciones surgen de relatos legendarios. Se acepta que nació en el 280 en Patara, en el sudoeste de la actual Turquía, hijo de familia adinerada que gozó de buena educación.

Cuando sus padres murieron por culpa de una epidemia regaló todos sus bienes y se entregó a la vida religiosa. Fue ordenado sacerdote a los diecinueve años. Se le atribuye importante fogosidad en la defensa de los dogmas católicos establecidos en el siglo IV. Falleció siendo arzobispo de Myra en el 350. La tradición neerlandesa le  hace nacer en el 271 y morir el 6 de diciembre del 342 o 343.

Fue conocido como niño obispo y obispo de los niños por su amor a los pequeños. Se hizo popular por su generosidad y amabilidad. Su fama traspasó las fronteras de su región y comenzó a ser protagonista de leyendas sin fin.

Su eficacia protectora con los niños le hizo candidato ideal para ser designado su santo patrón y su generosidad hacia ellos acabó por situar la fecha de su onomástica como fecha para darles regalos. Con su muerte se consagraron templos a su figura en todo el Oriente Católico. En Rusia se convirtió en el santo nacional en el siglo X.

El culto a San Nicolás penetró en Occidente en el año 972 con motivo del matrimonio del emperador Otto II con la princesa bizantina Theofania. Hasta el siglo XIII se le conmemoró en primavera pero a mediados de ese siglo su festividad se trasladó al 6 de diciembre.

Desde esa fecha hasta los días de la Reforma Protestante en el siglo XVI, San Nicolás distribuía los regalos la noche del 5 al 6 de diciembre pero la Contrarreforma Católica creó al Niño Jesús que también repartía regalos el día de Navidad.

Esto hizo que San Nicolás sin cambiar el día de su festividad pasara a entregar los regalos el 25 de diciembre conmemorando el nacimiento del Niño Jesús. Esta agradable misión fue adoptada por toda Europa.

Arraigó de manera muy intensa en los Países Bajos a partir del siglo XIII. San Nicolás era representado con barba blanca y con ornamento eclesiástico, montado en un burro con regalos para los niños buenos. Así se le puede ver todavía en Holanda.

En el siglo XVII la tradición estaba fuertemente arraigada en Holanda y su celebración reunía a niños y grandes en una gran fiesta. Es todavía celebrada esta fiesta en el país neerlandés. En Amsterdam llega en barco y montado en caballo blanco desfila por la ciudad. Acaba siendo recibido por las autoridades municipales.

Los asistentes regresan a sus casas para esperar la llegada de San Nicolás. Este pregunta a los niños se han sido buenos o no y promete regresar con los regalos. Durante la noche recorre la ciudad por los tejados y por el ruido de la chimenea averigua el comportamiento de cada uno y decide el regalo adecuado que ha de estar camuflado de manera divertida.

Los holandeses trasladaron esta tradición a la otra costa del Atlántico cuando en el siglo XVII fundaron Nueva Amsterdam. El Santa Claus actual fue creado por Washington Irving en su libro "Historias de Nueva York" basándose en el San Nicolás holandés. De este libro parte su fama de entrar por la chimenea a repartir los regalos.

Irving se dió cuenta de que un obispo poco podía hacer en esas tierras y despojó al personaje de sus hábitos eclesiásticos y le convirtió en una persona más bonachona, que no montaba en caballo sino en un corcel volador y que arrojaba los regalos por la chimenea.

En 1823 un poema de Moore lo convierte en un personaje venido del Norte tirado por renos y se convierte en un personaje gordo y de poca estatura. En lugar de zuecos se colocan calcetines en la chimenea y retrasa su llegada del 6 de diciembre a la Vigilia de la Navidad. Moore contribuyó a fijar su aspecto definitivo. Se convirtió en el símbolo de un país que estaba naciendo y desde mitad del siglo XIX la Navidad pasó a ser sentida como una festividad infantil.

El alemán Thomas Nast comenzó a desarrollar con sus dibujos la imagen de Santa Claus que conocemos hoy en día. Con el paso de los años pasó de ser un gnomo vestido con pieles a ir adquiriendo estatura y barriga y confirma el Polo Norte como su residencia habitual.

En el siglo XIX ya era costumbre que padres e hijos escribieran carta a Santa Claus. De Nast es también el vestido rojo brillante que le caracteriza hoy.

Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX muchas empresas recurrieron en su publicidad a la figura de Santa Claus. La sociedad industrializada del siglo XIX supuso el incremento del poder adquisitivo y del consumo y la figura de Santa Claus fue el símbolo que los niños buenos debían de esperar de unos padres amorosos.

De este modo Santa Claus perdió su origen religioso y se transformó en una figura neutral ideada para ser festejado por todos en una sociedad plural. Su laicalización fue imprescindible para permitir su supervivencia y expansión y le catapultó en símbolo de una sociedad industrial que gusta soñar con los valores de la Navidad.

Este nuevo Santa Claus se fue extendiendo por Europa. Primero se asienta en Inglaterra desde donde pasa a Francia convirtiéndose en Papá Noél. En Inglaterra revitaliza la Navidad que había quedado muy apática y recupera el esplendor de los tiempos del hombre Navidad. Importantes escritores escriben libros centrados en la Navidad, como Charles Dickens con sus famosos "Cuentos de Navidad". En Francia Papá Noél pasa a rivalizar con el Buen Hombre Navidad.

Su cada vez mayor auge no gustó a la Iglesia Católica que pretendió que continuase siendo el Niño Jesús el portador de regalos durante la noche de Navidad. En España hasta comienzos del siglo XIX se implantó el mito de que era la Virgen María y el Niño Jesús quienes descendían por la chimenea.

Pero gracias a la influencia del cine norteamericano Papá Noél se ha ido imponiendo sobre todo en las tres últimas décadas del siglo XX y hoy en día es quien trae mayoritariamente los regalos a los niños españoles.

Coca Cola moldeó el Santa Claus actual. Pasó de ser un gnomo bajo y gordo a ser un personaje más alto y gordinflón, simpático, dulce, alegre, bonachón, ojos pícaros, pelo cano, luenga barba y bigote como un abuelo jovial tal y como le conocemos hoy en día. Coca Cola se encargó de recordarnos que la figura de Papá Noel tiene mucho que ver con la chispa de la vida.






Imagen obtenida de archivo particular.


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