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divendres, 2 de desembre de 2011

El primitivo origen y verdadero significado de la Navidad



Imagen obtenida de google

Con esta publicación, inicio una serie de reportajes para explicar el origen y el significado de los símbolos navideños, cuando tenemos estas entrañables fiestas prácticamente a la vuelta de la esquina.

Con la llegada de la Navidad, el sol alcanza su punto más bajo y desde ese momento el día comienza a alargarse hasta que llega el solsticio de verano, coincidiendo con San Juan, que comienza a invertirse hasta que llega de nuevo el solsticio de invierno, coincidiendo con la Navidad.

En las culturas antiguas el sosticio de invierno significaba el auténtico nacimiento del sol y era celebrado por todos los pueblos antiguos, adquiriendo protagonismo las hogueras.

Se realizaban pactos protectores con los espíritus de la naturaleza. Los pueblos prerromanos lo festejaban durante los tres dias anteriores al 24 o 25 de diciembre. Las hogueras se encendían para excitar el calor y la fuerza del sol recién nacido.

Con la expansión de la Iglesia Católica. los Papas tuvieron que obrar con astucia ante determinados ritos de los pueblos a evangelizar para convertirlos a la fe, de ahí que muchos de los ritos de los pueblos antiguos, tengan relación con algunos de los símbolos navideños.

En los pueblos germanos y galos estas ceremonias y ritos se celebraron hasta bien entrada la Edad Media, sobreviviendo algunos de ellos hasta nuestros días, siendo los verdaderos protagonistas de la celebración navideña.

El nacimiento de muchos de los dioses míticos se situa a lo largo del solsticio de invierno, así como el nacimiento de Cristo, en la medianoche del 24 al 25 de diciembre.

Con el desarrollo de las culturas urbanas, los ritos paganos, lejos de desaparecer, se adaptaron a las necesidades de la nueva forma de vida.

Los griegos y romanos celebraban las fiestas de Dionisos y Saturno, y son un claro precedente de la Navidad cristiana. En Grecia estaba establecido en cuatro grandes festividades: la Dionisiaca de los campos, las Lenlas, las Antosterias y las Grandes Dionisiacas. Las dos primeras se celebraban en el solsticio de invierno y las otras dos en la primavera, el mismo que siglos después adopta el cristianismo al situar la Navidad en el sosticio de invierno y la Pascua de Resurrección en primavera.

Los festejos romanos en honor de Saturno eran conocidos como Saturnalia y se celebraban entre el 17 y el 23 de diciembre. Se imponia hacerse regalos unos a otros y los ricos convidaban a los pobres a sus mesas, algo adoptado posteriormente por la celebración navideña.

Todas las culturas de la Antigüedad, desde la egipcia hasta la mesopotámica, incluso las culturas precolombinas, han adoptado como Dios a alguna persona nacida bajo el solsticio de invierno, como ocurre con la cultura cristiana al adoptar como Dios a Jesucristo, nacido como hemos dicho antes en la medianoche del 24 al 25 de diciembre.

Muchos de estos dioses acaban convirtiéndose en víctimas propiciatorias para pagar el pecado de los mortales cargando con sus culpas y mueren violentamente, resucitando posteriormente, como le ocurre a Jesucristo años después. Todos ellos nacen casualmente durante el solsticio de invierno.

Ya en el siglo II de nuestra era, los cristianos solo conmemoran la Pascua de Resurrección, considerando irrelevante el nacimiento de Cristo. Cuando un siglo después se tiene necesidad de celebrar el nacimiento de Jesús, los teólogos citan fechas de nacimiento muy dispares, llegando a provocar diversas discusiones entre las distintas ramas cristianas.

Las primeras fechas que tuvieron algo de consenso fueron las comprendidas entre el 6 y el 8 de enero, tomándose como fecha de natalicio definitiva la noche del 24 al 25 de diciembre durante el pontificado de Liberio entre el 352 y el 366, fecha en que los romanos celebraban el Natalis Solis Invicti, nacimiento del sol invisible. El Papa Julio I la institucionalizó en el año 345.

San Agustín (354-430) exhortó a los creyentes a celebrar no el nacimiento del sol sino el del creador del sol. Diversas investigaciones han revelado que Jesís tenia entre 41 y 45 años cuando fue crucificado.

Las Iglesias cristianas orientales siguen celebrando el nacimiento de Jesucristo el 6 de enero. Al principio tenía un carácter humilde y campesino pero a partir del siglo VIII se comenzó a celebrar con la pompa litúrgica que conocemos hasta nuestros días.

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