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diumenge, 11 de desembre de 2011

El Tió



imagen obtenida de http://es.wikipedia.org

Es la tradición pagana más antigua de las que han sobrevivido al conjunto de las fiestas navideñas. Décadas atrás no se concebía una Navidad sin el ritual del encendido del Tió. En su versión actual ha quedado reducido a un tronco ahuecado que tras haber sido abrigado y alimentado acaba cagando dulces y juguetes durante la Nochebuena o la mañana de Navidad a bastonazo limpio.

Aunque esta tradición se identifica con Cataluña sus ritos festivos han sido una práctica ancestral en diversas zonas geográficas destacando además de Cataluña la franca pirenáica española, Mallorca, Andalucía, Francia, Gran Bretaña, Alemania y países eslavos.

La tradición exige que la ceremonia se celebre después de la víspera de Navidad pero con el tiempo pasó a tener lugar durante la mañana del día de Navidad. Aunque el ritual ha presentado variaciones según las regiones, hemos escogido como ejemplo una práctica común entre la población rural y que representa la mezcla de tradiciones arcaicas y modernas.

Una vez elegido el tronco se llevaba hasta el hogar de leña y se calentaba un poco apartándolo del fuego enseguida. Se tapaba con un paño grande y se enviaba a los niños a rezar una oración a otra estancia momento que aprovechaban los mayores para poner dentro de un hueco del tronco turrones, frutos secos, dulces, vino y juguetes tapándolo con un paño.

Los pequeños regresaban con un bastón y le golpeaban al tiempo que le conminaban a cagar turrón y a mear vino. Cuando se agotaban los regalos arrimaban de nuevo el tronco para que quemara.

Cuando el tronco llegaba a su fin se cubría con ceniza para ahogarlo y obtener leña carbonizada que se atribuía un gran poder como talismán protector. Acabada su protección anual sus restos eran empleados para encender el fuego de Navidad del año siguiente.

Con el paso de los años el Tió dejó de arder y de convertirse en el amuleto protector que fue durante siglos. Hoy con la recuperación de chimeneas de leña en pisos de lujo y viviendas unifamiliares el Tió está recuperando de nuevo la costumbre de arder después de haber sido generoso con sus cuidadores.

Durante el solsticio de invierno todos los pueblos antiguos festajaban el nacimiento del astro rey mediante hogueras alrededor de las cuáles se concentraban los habitantes de cada lugar. Tenían como función excitar el calor y la fuerza de los rayos de un sol recién nacido.

Este tipo de ceremonias perduró hasta mucho tiempo después de comenzar la era cristiana. De la asociación entre el culto heliolatra y el dedicado a los espíritus surgió el rito de hacer arder un tronco para que la magia de su calor fortaleciese al Sol durante el solsticio hiemal.

Gracias a este ritual el Sol recuperaba su poder regenerador y la tierra brindaba los frutos, cosechas y animales indispensables para sobrevivir. Como recuerdo a estos ritos ancestrales ha perdurado hasta nuestros días la tradición del Tió y la tradición de encender en muchos pueblos grandes hogueras después de la cena de Nochebuena.

Era tradición que la prepararan los jóvenes solteros y solián saltar por encima de la hoguera. Con el tiempo cumplió la función de calentar a los que entraban y salían de la Misa del Gallo.

Con el auge de las prácticas mágicas entre la población actual los fuegos de Navidad están recuperando el protagonismo perdido.

El ritual asociado al Tió le debe su origen a las fiestas del fuego. Cuando se sacrificaba un árbol sagrado se creía estar infundiendo calor, vida y poder fecundante al débil sol invernal.

El mágico poder del Tió navideño contra rayos, tormentas e incendios deriva de la antiquisima creencia de los pueblos arios que asociaba el roble al Dios del rayo y el trueno.

La asociación del Tió con la fecundidad de la tierra y de los animales procede de una acumulación de creencias míticas que partieron de un mismo tronco.

Su procedencia del tronco de un árbol lo relaciona con el ancestral culto a los árboles como espíritus de la naturaleza.

La tradición moderna de apalear al Tió para hacerle cagar sus regalos deriva de ritos ancestrales en los que se golpeaba con respeto el tronco de los árboles sagrados para despertar a los aletargados espíritus de la naturaleza.

Si algo ha representado el primigenio espíritu de la Navidad en las zonas rurales, ha sido la ancestral tradición precristiana del Tió, una bellísima costumbre familiar que nunca debió desvirtuarse ni perderse.

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