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diumenge, 4 de desembre de 2011

Los Reyes Magos




Imagen obtenida de archivo particular

Solo sabemos de ellos por la mención de Mateo en su Evangelio aunque la tradición ha sabido hacer maravillas con esos pocos datos. Su adoración ha sido una de las figuras más importantes de la iconografía y ha sido la fiesta infantil por excelencia desde el siglo XIX a la actualidad. Suponen una de las mayores esperanzas de nuestra infancia esperando su venida y una de nuestras mayores decepciones cuando descubrimos que no pasan de un acto meramente familiar.

Por el relato de Mateo en su Evangelio deducimos que eran varios, no solo tres. Representaciones del siglo II muestran solo a dos miembros y en las catatumbas romanas aparecían hasta cuatro, incluso la media docena, defendiéndose en la Iglesia Armenia y Siria que eran doce, porque precononizaban los Doce Apóstoles.

A partir del siglo IV se comenzó a defender que eran tres, por los tres presentes de los que habla Mateo, oro, incienso y mirra. Al principio vestían al estilo persa, pero al comenzar a llamarles Reyes Magos a partir del siglo III, comenzaron a llevar coronas.

Al principio son todos blancos y su edad oscila entre los 20 y 50 años. Sus nombres actuales de Melchor, Gaspar y Baltasar no se oficializaron hasta el siglo IX. Los nombres fueron arbitrarios y ficticios. Las edades se fijaron en el siglo XV, Melchor tenía 60 años, Gaspar 40 y Baltasar 20.

En el Renacimiento su adoración, junto con el nacimiento de Jesús, tuvieron importancia capital en las representaciones pictóricas. Todos ellos eran de raza blanca, no había ninguno negro.

Baltasar comenzó a ser negro a partir del siglo XVI. Este hecho se produjo por identificar a las tres razas más importantes. Melchor con su cabello y barba blancos simboliza a los europeos y ofreció al niño oro, Gaspar rubio, representaba a los asiáticos y ofreció al niño incienso y Baltasar negro y barbudo personificaba a los africanos y entregó al niño mirra.

La tradición occidental adjudicó el oro a la realeza de Jesús, el incienso a su divinidad y la mirra a su pasión y resurrección. Según la tradición, un ángel les advirtió cuando abandonaron Belén que no regresaran a ver a Herodes como le habían prometido, y partieran a su tierra con rápidez.

A partir del siglo III las Iglesias orientales instauraron la fiesta de la Epifanía en la cuál los cristianos orientales conmemoraban el nacimiento de Jesús y su bautismo.

En Occidente comenzó a celebrarse la adoración de los magos a partir del siglo V y como ya se celebraba el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, se reservó el 6 de enero para celebrar la Epifanía. Para los cristianos esta fecha siempre ha mantenido una gran importancia tanto en el calendario litúrgico como en la tradición civil.

La tradición de los magos como portadores de regalos es muy reciente y arraigó en países latinos, sobre todo en España. Se instauró para competir con San Nicolás. Los magos comenzaron a traer regalos a partir del siglo XIX. Para poder desempeñar con justicia su labor disponían de unos duendes que espiaban a los niños. La tradición exigia que los niños depositasen sus zapatos en el balcón para recibir los presentes de los reyes durante la madrugada.

La carta a los Reyes comenzó a popularizarse en el primer cuarto del siglo XIX. Al principio se dejaba en el balcón pero en el primer cuarto del siglo XX se comenzó a enviar por correo.

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