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dimarts, 8 d’octubre de 2013

La muerte cristiana

La muerte, sin perder su carácter trágico, ha cambiado de signo para el creyente. La muerte ya no es el final de todo. El cristiano afronta la muerte y la asume libremente como un acontecimiento que puede ser vivido en comunión con Cristo muerto y resucitado y en la misma actitud que él adoptó. El cristiano, más que prepararse para una buena muerte, debe aprender a morir bien en cada momento, Es decir, viviendo la vida diaria como Jesús, desviviéndose por la construcción del Reino de Dios y su justicia. Desde aquí el Bautismo cobra un sentido nuevo como el gesto sacramental en el que nos comprometemos a vivir la vida muriendo en Cristo, y la Eucaristia nos va ayudando a asimilar el morir de Jesús para participar también un dia de su resurrección.

Los crisitanos vemos desde Cristo con una esperanza nueva no solo nuestra muerte sino también la muerte de los demás, las muertes grandes y las pequeñas, las valientes y las cobardes, las significativas y las ridículas. Desde esta misma esperanza aprendemos a afrontar con otro sentido el envejecimiento y la muerte de las culturas, de las ideas, de la creación entera... Pero Cristo ha vencido a la muerte.


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