Total de visualitzacions de pàgina:

Publicidad

divendres, 20 de desembre de 2013

Cuento de invierno. El manto del ángel



Un pobre pescador vivía solo en una cabaña de madera, subsistiendo miserablemente de su escasa pesca, que apenas bastaba para alimentarle.

Llevaba una ropa gastada por el tiempo y sólo tenía, por toda comodidad, un jergón y algunos objetos estropeados. No era profundamente desgraciado, pero lamentaba su infortunio pues, por falta de dinero, no había podido casarse y fundar una familia.

--¿Qué mujer querría a un hombre tan indigente? –se lamentaba a veces.

Cierto día encontró en una playa una magnífica estola plateada, hecha de terciopelo y de ricos tejidos.

Brillaba con mil fulgores, como si estuviera tejida de luz. Fascinado, el pescador recogió la capa. Sin duda era única, maravillosa.

--Si la tomara –se dijo el pescador para sí--, podría obtener por ella un excelente precio en el mercado. Me permitiría comprar una nueva barca, redes más grandes y pescar más. Podría entonces enriquecerme y encontrar una mujer para casarme dignamente… tener hermosos hijos… una casita cómoda…

Recogió la prenda y la llevó a su cabaña con la intención de venderla al día siguiente y obtener grandes beneficios.

Se durmió con tan dulces perspectivas. Pero su noche fue turbulenta y agitada. Durante el sueño se le apareció una muchacha.

--Soy un ángel –le dijo--, vengo a visitar la tierra pero me habéis arrebatado mi manto. Ahora bien, no puedo regresar al cielo sin él. Por favor, devolvédmelo.

El pescador tuvo entonces un acceso de mal humor.

--No es verdad –se defendió--, no he cogido nada. El manto es mío.

Luego intentó abrazar a la muchacha y hacerse compartir su yacija. Pero, cuando quería besarla, despertó sobresaltado y se avergonzó súbitamente de sí mismo y de sus pensamientos, aunque sólo se tratara de un sueño.

--¿Pero qué me pasa? Robo un vestido, miento a una muchacha e intento abusar de ella… Ya no me conozco. Me comporto como un hombre sin escrúpulos y un patán. ¿Cómo encontraré luego la felicidad si mi conciencia no está en paz?

El pescador decidió entonces levantarse temprano para intentar encontrar a la muchacha y devolverle la prenda. Tras varias horas de búsqueda, la vio a orillas del agua, llorando. Se acercó a ella, le rogó que le perdonara y le tendió su manto. Ella le dio calurosamente las gracias, se puso aquella estola maravillosa y, de inmediato, se convirtió en un ángel magnífico que se lanzó hacia el cielo con una gracia infinita.

Nuestro amigo regresó a su casa apaciguado y feliz.

En los meses siguientes hizo, con gran sorpresa por su parte, pescas tan abundantes que llenaban día tras día sus redes de hermosos y rollizos peces. Pudo comprar una nueva barca y nuevas redes. Eso le permitió ir a mar abierto, donde los peces eran más grandes y más numerosos. Su buena fortuna prosiguió. Muy pronto tuvo dinero bastante para comprar una casa, y la arregló cómodamente. Poco tiempo después conoció a una muchacha, se casó con ella y tuvo hermosos hijos.

Su más caro sueño se había por fin realizado.

Como el pescador, nunca hay que perder la esperanza: la honestidad, la sinceridad y la compasión acaban siendo siempre recompensadas.


Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada