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dimecres, 2 d’agost de 2017

La celebración cristiana

Como cualquier otra celebración, pretende dar amplitud, peso y valor a la realidad. Se trata de tomar tiempo para lo que es importante, de romper con el ritmo de todos los días a fin de descubrir las fuentes profundas de lo que nos hace vivir. Se trata, en definitiva, de encontrar tiempo para reconocer que nuestra vida está inmersa en el tiempo histórico de Dios.

Se trata, por otra parte, para quien se reconoce hijo de Dios, de significar que él, a través de la celebración que desea vivir, manifiesta una comunión, una alianza que le sobrepasa. Él pertenece efectivamente a la cadena de creyentes que antes que él intentaron encontrar el sentido de su vida como procedente de Dios.

Se trata, en fin, de un acto vivido con otros, formando Iglesia; de un acto que acrecienta la fe a quien la posee por su relación conel otro y con los otros.

Se trata de tomarse un tiempo para permitir a la fe animar la vida del creyente, puesto que en todo caso la vida de los hombres puede incluirse en una historia, la de Dios. Celebrar la fe es algo esencial en el ser cristiano.


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