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divendres, 1 de juny de 2018

Oración antiansiedad




Señor Jesús. Ahora quiero detenerme a contemplarte a ti, que eres el modelo de toda perfección y siempre fuiste un ser humano completamente sano y amoroso.

En ti no había lugar para las ansiedades. Tu mente y tu sistema nervioso funcionaban en orden, con intensidad y con calma al mismo tiempo. Pero sobre todo, estabas tan sometido a la voluntad del Padre, que te entregabas por entero a cada cosa, sin querer anticiparte a nada.

Por eso pudiste pasar treinta años, casi toda tu vida, trabajando como carpintero en el silencio y en la sencillez de Nazaret. La gente se asombraba escuchando tu sabiduría, y decía: ¿No es este el carpintero, el hijo de María? Eras uno de ellos, uno más.

Tú que tenías poder para cambiar todo, sin embargo, no tenías prisa, y aceptaste con sencillez ese tiempo de trabajo oculto y simple en un pequeño pueblo. Nada de ansiedad. Todo a su tiempo.

Tampoco fuiste ansioso con tus discípulos. Soportabas con paciencia sus imperfecciones, su ignorancia, sus infidelidades, sus vanidades. Sabías que el crecimiento de las personas lleva su tiempo, y tu les respetabas ese proceso.

Yo quiero contemplarte a ti, Señor Jesús, tan libre por dentro, tan desprendido de tu tiempo. Podías detenerte largo rato con Nicodemo, con la Samaritana, con cualquiera. Podrías haberles dicho que estabas planeando cosas más importantes. Sin embargo, como en tu corazón desprendido no había lugar para las ansiedades, les regalabas sinceramente ese tiempo de atención y de amable diálogo.

Gracias, porque también para mí dispones de ese tiempo y de ese amor atento.

Amén.

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